Paréntesis comunicacional
August 9th, 2007 by fairfaxSé que esta tribuna está reservada para información referida al estudio y práctica de idiomas extranjeros. En tal sentido, guarda una relación con las competencias profesionales, enriquecidas con el dominio de alguna lengua foránea. Nunca cae mal. Pero vayamos al grano: ruego, apelando al sentido académico y estudiantil que predicamos, se me permita realizar cierta desviación temática. Quiero arribar en la problemática causada por la prensa mercantil y la evolución de los medios de comunicación en el mundo. No se trata de asuntos ajenos a nuestras vidas, más bien del pan de cada día. Ampliemos, pues, nuestro nivel educativo y reflexionemos juntos para aprender mejor. Gracias.
En tiempos pasados, el periodismo era un oficio ejecutado por amor a la verdad. La motivación de quienes lograban informar, interpretar u opinar hechos públicos era una sola: llevar la realidad a los cerebros de los lectores. Que ellos tengan una idea clara, exacta y profunda respecto de lo que ocurrió. Era un quehacer exclusivo, intelectual y sincero, nacido de una vocación pura y liberadora. En la última palabra está su sentido: lograr que las masas critiquen el mundo en que viven y se rebelen ante la injusticia, corrupción y manipulación de quienes alberguen tales sentimientos. Así, favorecía un espacio público de discusión, elemento clave de la democracia (múltiples juicios).
El poder político siempre ha temido la capacidad que los férreos hombres de prensa tienen (o han tenido). Ha censurado, corrompido, ocultado, exagerado y despreciado. Hay (aún) mucho qué esconder. Y lo que no se difunde por los mass-media, simplemente no tiene lugar en la discusión social: no existe, es como si no hubiera acontecido. Ahora, ha habido un cambio fundamental en la moral periodística: los empresarios se dieron cuenta de que la prensa estaba cerca de sus clientes, que éstos confiaban en las páginas que leían y formaban, así, sus actitudes. El más insano capitalismo llegó, entonces, al terreno más noble y delicado. Y, ¿qué cree? Impuso los mismos métodos de marketing que utilizaba para vender una bebida gaseosa o un chocolate: las leyes del mercado (oferta y demanda).
Teniendo en cuenta que la naturaleza humana anula su parte racional mientras recibe estímulos sensoriales intensos, una información cargada de sexo, morbo y violencia parece el paquete perfecto para ser comprado. Poco importan los pasados ideales de verdad, interpretación del mundo y racionalidad. Es el criterio mercantilista e infame de la ignorancia. Ahora las noticias deben ser interesantes, antes que veraces. Antes, las angostas salas de redacción llenas de papeles desordenados y amantes del devenir de los hechos. Ahora, lujosos edificios que albergan en su piso más alto a hombres que piensan como empresarios. Los dueños, que son con frecuencia amigos del presidente de la República y están poco interesados en criticar cualquier eventual tiranía. No es su papel. Carecen de misión educadora. Es un problema estructural, de fondo.
Grandes monopolios de empresas mediáticas están en manos de poquísimos hombres. Para dominar, es necesaria la ignorancia del dominado. El mundo se torna complejo y muchos somos indiferentes ante las injusticias y agravios del poder económico, el verdaderamente fuerte. Se necesitan luchadores ideológicos, jóvenes informados e interesados en estudiar y divulgar lo estudiado. A hacerlo desde nuestras tribunas.
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