El japonés secreto.
September 11th, 2007 by fairfaxTenía un amigo que era uno de esos chicos fascinados por esos dibujos japoneses de chicas de ojos grandes y tipos súper fuertes. Desde que lo conocí, cuando teníamos diez años, siempre estuvo esa afición en él. Con el paso de los años su interés se fue haciendo más extenso así como más selectivo, al punto que con todo derecho me tachaba de ignorante cuando yo hablaba, generalizando, sobre estos dibujos animados conocidos como animes.
Pero no solo se sentía fascinado por las caricaturas, había en él una suerte de encanto que hacía que mirara con suma curiosidad la cultura japonesa en general. Realmente, aún cuando no tenía ni una gota de sangre japonesa en sus venas ni en su árbol genealógico, resultaba una gran enciclopedia de datos y conocimientos de esa cultura.
Decididamente su amor por esta cultura era grande, a veces bromeaba con él a expensas de esta fascinación. En el colegio la gente solía tratarlo como a un nerd o fanático obsesionado por los dibujitos. A él no le importaba y yo trataba de protegerlo, aunque él mismo no se mostrara interesado.
Yo sabía que su gusto por Japón no era tan cerrado, no era un fan empedernido que pensaba que ese país era la tierra prometida. También tenía conocimientos históricos y era capaz de hacerme una reseña crítica y dura de los acontecimientos contemporáneos de esa sociedad.
En realidad nunca lo consideré alguien raro, pero definitivamente me di cuenta que en cierta forma él sentía que había nacido en el lugar equivocado. Era una situación más allá de la alineación, aún cuando sus padres y amigos pensaban que no era más que un fanático que idealizaba algo que no conocía.
Yo lo sabía porque a veces tenía largas discusiones con él sobre cosas que pasaban en ese país para ver si realmente defendía esas situaciones o era capaz de ejercer un juicio crítico. Él sin duda era alguien dispuesto a aceptar a esa nación como era, con sus cosas buenas y malas, sin idealizarla.
Definitivamente su pasión era algo confuso de entender para cualquiera, hasta para mí. ¿Porqué empeñarse en una cultura que quedaba al otro extremo del continente, del cual solo recogía referencias en libros e internet y cuya lengua apenas y conocía?
Pero él estaba decidido a ir salvando esas barreras y cuando al salir del colegio decidió aprender japonés no me pareció extraño. Sin embargo deambuló de un lado para otro tratando de encontrar una buena escuela que enseñara este idioma. Cuando finalmente la encontró estudió por cerca de un año y medio a un ritmo acelerado.
El japonés no es un idioma fácil y si además no se cuenta con profesores realmente especializados y una escuela seria, aprenderlo puede ser un gran drama. El interés de mi amigo por el idioma lo hizo buscar con pericia una de las mejores escuelas para reanudar su aprendizaje una vez en Japón.
Finalmente al terminar sus estudios acá y tras haber ahorrado rigurosamente partió rumbo a su segunda patria. Hace dos años que no lo veo, únicamente recibo comunicaciones de él. Le va bastante bien, no se ha vuelto una estrella internacional ni un hombre adinerado, simplemente vive contento en un lugar que siempre pensó era su segundo hogar.
Su deseo por entender esa cultura, y su entusiasmo, no le hubieran servido de mucho para aprender esta lengua si es que no hubiera dedicado tiempo para encontrar buenas Escuelas de idiomas, en su propio país y en Japón. Sus profesores en Japón le han dicho que habla la lengua con una naturalidad increíble, tanto que si no fuera por su apariencia física, paría por todo un japonés.
Pues bien esta es la anécdota de mi amigo, el ‘japonés secreto’. Sin duda esto me hace pensar mucho en la idea que siempre ronda a cada uno de encontrar su lugar en el mundo, para algunos nos es suficiente con encontrar un pequeño pedazo de tierra al cual decirle hogar, pero otros reciben un llamado del otro extremo del mundo, y aún con la barrera del idioma, son capaces de aventurarse solo por el deseo de sentirse en casa.
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