Aprendiendo idiomas y conociendo el mundo.
October 2nd, 2007 by fairfaxNunca he podido estar quieta. Desde que estaba en el vientre de mi madre trataba de moverme, incluso nací antes de tiempo. Cuando me colocaron en el jardín de infantes, fue tal mi inquietud que con apenas cuatro años me escapé y me fui a caminar. Mi niñera me encontró en el parque cuando ella estaba haciendo un mandado.
Cuando tenía ocho años mis padres estaban tan preocupados porque en lugar de ir a clases me gustaba irme a caminar o a curiosear en cualquier otro lado, de modo que decidieron llevarme al médico para que me diagnosticara hiperactividad o algo que les convenciera que lo mío podía tratarse con medicinas.
Lamentablemente para mis padres yo era una chica normal solo que con una curiosidad un poco más desarrollada que otros niños.
Para mi cumpleaños número once yo me rompí un brazo así que tenía que estar quieta en casa, mi pobre papá no sabía muy bien que regalarme pues la idea de la bicicleta no sonaba muy inteligente. Andando por la calle vio una de esas ferias de cosas usadas y encontró una enciclopedia. Pensó que ya que me gustaba tanto pasear y conocer lugares nuevos me podría entretener con el libro aquel.
Acertó en muchos aspectos con este regalo. Con la enciclopedia no solo me entretuve durante mi convalecencia sino que dejé de perderme por la calle o no ir al colegio, pero además me obsesioné con la cantidad de información, países y cosas nuevas que había que conocer.
Además desde entonces supe que lo que quería hacer en mi vida era viajar. Mi primera opción fue ser turista pero luego de entender que con eso no se ganaba dinero pensé en ser aeromoza (sobrecargo, azafata de vuelo), ya que ellas viajan mucho.
A mis padres no les agradaba para nada que estudiara esa ‘profesión’ y ya que ellos pagaban mis estudios no me quedó otra que aceptar su ‘amable orientación’.
En realidad ambos son historiadores, ya saben, intelectuales, por lo que una hija aeromoza les cayó como balde de agua fría. Sin embargo encontré que en casa aprender idiomas era un asunto muy bien visto y que viajar para aprender idiomas era algo que mis padres contemplaban como una buena forma de hacer una hoja de vida decente.
Fue así como comencé a buscar posibilidades de viajar. Estos viajes no podían ser muy largos ni solo recreativos, sin embargo encontré que habían planes de estudios y ofertas para todos los bolsillos y edades.
Fue así que, como de regalo por mis quince años, mis padres me ofrecieron unas vacaciones educativas mejorando mi inglés en Inglaterra. Al año siguiente, y ya que la experiencia anterior fue muy buena, me hicieron un regalo similar pero esta vez para aprender francés en Francia.
Estas actividades realmente me resultaron de mucha utilidad y sin que mis padres supieran estaba labrando mi camino como aeromoza pues estas deben tener un buen manejo de idiomas, no solo del inglés sino de otras lenguas.
Por mi parte comencé a trabajar para poder pagarme otros viajes, para mi cumpleaños número dieciocho pude pasar cuatro meses en Japón aprendiendo japonés gracias a mis ahorros y al regalo de cumpleaños que me dieron mis padres.
Debo aceptar a estas alturas que viajar simplemente no me hubiera atraído lo mismo que hacerlo en las condiciones en que las hice, es decir teniendo la oportunidad de aprender un idioma nuevo cada vez y conociendo culturas y gente diferente pero muy interesante y divertida.
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