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Britney ¿Aprendiendo inglés con la princesa del Pop?

November 5th, 2007 by fairfax

¿Por qué era famosa Britney Spears? Verdad, era por su música. Recién recuerdo, por lo menos al ver los buenos resultados de Blackout, su nueva producción ha provocado que de nuevo todos recuerden que era una súper estrella (lo de artista me lo reservo).

Qué irónico, aún recuerdo que cuando viajé a Estados Unidos para aprender inglés, aprendíamos en las lecciones básicas cantando temas de Britney Spears.

Cuando viajé a Nueva York, hace tres años, lo hice por motivos estrictamente académicos. Durante mi época escolar mi aprendizaje del idioma inglés fue bastante pobre, o mejor dicho empobrecedor (si uno considera que aprender es siempre ganar algo, imagínense cuán malas fueron mis clases que al salir cada día de ellas lo hacía ‘sabiendo menos’).

Al terminar el secundario tenía que prepararme para ingresar a la universidad, sin embargo cuando lo que quieres es estudiar medicina, pues ciertamente no es suficiente saber español. Uno siempre debe estar actualizado y al tanto de los aportes mundiales sobre la medicina, y aunque no sea cosa para estar felices, muchos artículos buenos e interesantes se encuentran en inglés o se traducen primero que nada a este idioma.

En fin, sabiendo lo importante que sería el inglés en mi vida me puse a temblar de miedo al saber que las personas con las que competía probablemente tenían un mejor manejo de este idioma que yo (y eso no quiere decir que mi competencia conociera muy bien el inglés sino que probablemente tuvieron la suerte de contar con mejores profesores). Algo desanimado pensé que quizá sería mejor probar en otra carrera. Pero a la larga mi hermano mayor (diez años mayor) me dijo que en el ámbito laboral y académico serio el inglés no era una obligación es una herramienta con la que todos debían contar si deseaba desempeñarse de la mejor forma en cualquier ámbito.

De este modo retomé mis intereses en la medicina (afortunadamente, sino sería ahora un contador). Sin embargo las buenas intenciones y la motivación sola no hacen nada por uno. Buscando lecciones de inglés encontré las ofertas que hay para estudiar este idioma en otros países. La propuesta me pareció interesante, el método de inmersión hace que el alumno esté rodeado solo por ese idioma de modo que al tenerlo en contacto diaria y cotidianamente lo aprende con mayor facilidad.

Volviendo a Britney, pues la verdad yo solía usarla más como burla que como ejemplo. Pero sin querer ella terminó ‘enseñándome’ inglés. Ya que yo empezaba el idioma de cero estaba en el curso inicial de aspectos básicos. Así que nuestra profesora nos trajo cosas que creía identificaríamos en común con el idioma inglés y la cultura americana. Y no pensó en otro icono más simbólico que Britney.

Y en realidad tuvo razón, ¿qué comparten  en común ocho extranjeros de ocho nacionalidades distintas aprendiendo inglés en Nueva York? Pues no a Walt Whitman, sino, a decir, verdad, a Britney Spears.

Todos la conocíamos de una u otra forma y ella nos acompañó en nuestros primeros meses de aprendizaje.

Y en realidad ahora recuerdo eso con cariño y aunque los primeros días me hacía el ‘ofendido’ finalmente le tomé cierto gusto a su música y más por los recuerdos que me traen hasta ahora sus canciones al oírlas. Y bueno, como ven, esa princesa del Pop, de nuevo gratuitamente, ha ‘enseñado algo’ a un mortal más.

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El ‘grrr’ de dos tigres en inglés.

October 26th, 2007 by fairfax

Para mejorar mi inglés hice un viaje a Londres, ya saben cómo es importante aprender este idioma pero sobre todo bien, y que viajar y estar en contacto con una cultura que hable naturalmente la lengua es lo mejor.

Sin embargo no quiero hablar en general sobre este asunto, sino de algo pequeño, digamos que ‘ínfimo’ para algunas personas, pero que en mi corazón afianzó mi cariño por el inglés y por dos personajes muy populares en el mundo de las tiras cómicas.

Alan Alexander Milne es el creador original de Winnie the Pooh y sus amigos. Uno de mis personajes favoritos desde pequeña ha sido siempre Tigger, claro que más bien las versiones animadas de Disney, es un tigre tonto, torpe, ingenuo, como un gato cachorro que brinca de un lado a otro del bosque con su cola y al parecer es el único ‘Tigrrr’ que hay.

Bill Watterson es el creador de una de mis tiras cómicas favoritas, ya saben, ‘Calvin y Hobes’, que nos cuenta en pequeñas tiras semanales, la forma de ver el mundo de un niño y su tigre de felpa. Pero claro, no es un niño normal y a la vez es un niño como todos, hace reflexiones agudas pero sin perder nunca esa esencia de niño que evita que terminemos leyendo una tira pedante y pretenciosa de existencialismo adulto.

Debo decir que estos dos personajes han habitado mi mente desde que tengo recuerdo. Desde que me regalaron mi primer muñeco de Tiger lo hice mi compañero de juegos por muchos años. Luego, tiempo después, siendo ya adulta, reparé en las tiras cómicas de Calvin y Hobbes, casi por casualidad, cuando hojeaba en casa de una amiga, una compilación de estas tiras.

Si hay algo que tienen en común un grupo de animales en un bosque y un niño y su tigre de felpa, es la simplicidad que pueden transmitir. Si bien puedo verme tres o cuatro veces ”Ichi, The Killer” también es cierto que puede releer un millón de veces las tiras de Watterson, sentir una gran tranquilidad y una felicidad apacible sentada en mi sala leyendo las ocurrencias del par creado por uno de los pocos historietistas que tuvieron el orgullo de hacer de su trabajo un arte.

Y lo mismo al pillar alguna película, de las viejas, de Winnie the Pooh, sobre todo con mi sobrina a quien le inculqué el gusto por esta serie. Winnie the Pooh es una serie ingenua, pero no por es tonta, no tiene violencia ni sangre o plantea los grandes devaneos de la existencia humana, Winnie Pooh no se plantea si es ateo o si realmente existe, se limita a vivir, en su bosque, juntar miel y hacer cosas con sus amigos. La verdad es que esa vida zen y simple, a veces me da muchas ganas de tenerla.

En el primer día de clases en la escuela de idiomas de Londres, nuestra profesora nos preguntó cuáles eran las razones  por las que nos interesaba el inglés. Obviamente todos teníamos respuestas más o menos claras, estudios, conocer otras culturas, deseo de tener una mejor hoja de vida, poder optar a trabajos en el extranjero.

Al término de dos meses, hacia el último día de clases, nuestra profesora nos preguntó, después de pasar ese tiempo viviendo en Londres y viviendo el inglés, qué era lo que más nos había gustado de ese ‘mundo’.

Mientras mis compañeros respondían ‘conocer gente nueva’, ‘hacer amigos’, ‘divertirse aprendiendo un idioma’…yo recordé el paseo que hicimos por las librerías de Londres, donde me compré la compilación de la obra de Watterson y el conjunto de historias originales de Milne, y mientras regresaba a la residencia de estudiantes me detuve a hojear los diarios del día, lo de siempre claro, violencia, disturbios, racismo…cosas que parecen sacadas de libros de ciencia ficción pero que son reales, y pensé, si hay algo bueno en este mundo, son dos pequeños tigres, que aunque sean ficticios para mí son más reales que lo que leo en estos diarios.

Casi respondo a la pregunta de mi maestra con ‘Tiger y Hobbes’ pero preferí remitirme a los estándares, después de todo ellos estarían siempre en donde se merecen, en mis recuerdos y en las cosas buenas que pienso que a veces pueden pasar en el mundo.

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¿Aprendiendo inglés leyendo subtítulos?

October 12th, 2007 by fairfax

Hay una sola verdad en este caso y es que cuando uno ve algún programa por cable en su idioma original y subtitulado al español, tiene dos opciones.

Una es malcriarse y acostumbrarse a leer los subtítulos y a la arbitrariedad que estos tengan o aprender a escuchar los diálogos y olvidarse de los subtítulos.

En mi caso hice lo primero por mucho tiempo. Llevaba inglés en el colegio y me gustaba cantar canciones de mis grupos favoritos en ese idioma, para eso buscaba las letras y me las memorizaba de modo que todos pensaban (y hasta yo) que sabía mucho inglés.

Lo mismo para el caso de las series de TV o películas, no podía ver una sin que los subtítulos estuvieran en el inferior de la pantalla y no importaba si me pasaba más tiempo mirando las letras que las escenas de la serie que miraba.

Yo no aprendí inglés leyendo subtítulos, es más no hay forma de aprender un idioma si tienes de ayuda la traducción frente a tus ojos. Descubrí por oposición a esta situación, el mal hábito que había adquirido cuando decidí viajar a mejorar mi inglés en una escuela de idiomas en USA.

Cuando di mi examen de categorización, es decir aquel que te hacen para saber cuál es tu nivel, tuve muy buenas notas en escritura y en la conversación demostré una gran habilidad para comunicarme.

Esto último sin embargo se debía a que por mi gusto por las canciones en inglés había adquirido el uso de frases complejas al aprender las canciones, de modo que las repetía sin problema cuando sentía que podían ser usadas en una conversación.

Gracias a mi eficiente desempeño en mis pruebas me colocaron en los niveles más avanzados. De este modo me preparé animadamente para partir hacia Nueva Inglaterra (para ser precisos, Boston).

Las primeras dudas comenzaron en mi primer arribo a tierras americanas, los agentes de seguridad me hablaban tan rápido que yo no entendía, pero pensé que el asunto era cuestión de nervios y ya que no pasó nada alarmante dejé de pensar en todo eso.

Cuando desembarqué y me encontré con otros alumnos que también tomarían el curso en la escuela de idiomas tampoco me sorprendí de no entender el idioma que manejaban. Después de todo, al igual que yo, ellos no hablaban el inglés como primera lengua y el acento de sus idiomas originales estaban muy marcados a la hora que pronunciaban el inglés.

El primer día que llegamos era domingo y nos llevaron a la residencia de estudiantes, dos representantes de la Escuela se presentaron para saludarnos y darnos datos específicos y fue ahí cuando mis temores comenzaron a nacer.

No entendía absolutamente nada de lo que decían, es más, instintivamente bajaba un poco la mirada como cuando lo hacía al leer los subtítulos en la TV.

Lamentablemente la vida real no tiene subtítulos.

El primer día de clases no tuve otra que comentarle mi preocupación a mi profesor del curso de inglés, este se mostró muy amable y me dijo que no me preocupara tanto. Nadie llegaba ahí sabiendo inglés y en muchos casos asistían alumnos que nunca en su vida habían tenido relación con ese idioma, y que al terminar el curso acababan hablándole y entendiéndolo bien.

Me tranquilicé un poco pero desde ese día estuve alerta todo el tiempo, cuando veía televisión no tenía los subtítulos para ayudarme así que esta vez sí debía prestar atención a los diálogos.

Afortunadamente mi profesor tuvo mucha razón, estar en un ambiente donde solo oía y hablaba inglés me ayudó a agudizar mis oídos y en general a prestar atención a todo lo que me rodeaba, así, poco a poco, fui perdiendo el miedo inicial (y olvidando de bajar la vista a la parte inferior de la televisión).

Al término de los dos meses que estuve en Boston ya estaba familiarizado con el idioma inglés, pero esta vez de verdad y no solo con esas pequeñas trampas que me había hecho yo mismo antes.

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Estudiar en el extranjero: ¿por qué no?

October 5th, 2007 by fairfax

Son muchos los motivos por los cuales uno puede pensar que viajar a otro país y enfrentarse a una cultura diferente no vale la pena, y más aún si no es un viaje de placer sino que se trata de ir aprender un idioma.

El prejuicio, el miedo, la inseguridad y la timidez son los principales factores que hacen que las personas prefieran evitar emociones nuevas y aferrarse a su hogar conocido y perfectamente previsible.

Sin embargo también hay muchas razones por las que uno debería pensar en estudiar idiomas en el extranjero.

El aspecto más promocionado al momento de considerar hacer un viaje para aprender idiomas a otro país es el pedagógico. La inmersión total en una cultura y en una sociedad en donde solo se habla el idioma que se desea aprender es el mejor método para que una persona se acostumbre a utilizar el lenguaje y además adquiera la naturalidad del uso de la lengua al hablarla e interiorice las reglas principales de la construcción del idioma en cuestión.

Esto se refiere simplemente a que por medio del uso frecuente de un idioma una persona va aprendiendo las reglas básicas para el uso de una lengua, como en el caso de un niño de siete años, quien puede construir una oración simple correctamente y sin dificultad pero que si se le pide que diga cuáles son las reglas que ha utilizado para construir esa oración, simplemente no lo sabrá. A interiorizado el uso las reglas de la lengua por el uso constante de esta pero no tiene por qué saber cuáles son aquellas.

El método de la inmersión es la mejor razón por la cual uno debe considerar el pensar aprender un idioma en el extranjero.

Pero viajar también permite a una persona alejarse del stress de la rutina y la vida cotidiana. Por otro es una buena forma de conocer otras culturas, y además conocerlas desde dentro de la cultura misma y no solo desde el exterior como lo hacen al año cientos de turistas.

Además al estar en un contexto completamente novedoso y desconocido puede ayudar a las personas a demostrar aspectos no muy desarrollados en su personalidad hasta el momento. Alguien que siempre ha sido conocido como tímido, por ejemplo, tiene la oportunidad de poder sentirse más extrovertido al estar en un ambiente nuevo y donde nadie lo va a tratar con juicios pre-valorados.

El decidirse por ir a aprender un nuevo idioma al extranjero, es también una forma en que la persona está dispuesta a adquirir y desarrollar hábitos de independencia pues sabe que está yendo a un lugar desconocido en el que tendrá que afrontar toda clase de situaciones sin ayuda de familiares o conocidos.

Esto permite ayudar a afianzar la seguridad en uno mismo a la hora de resolver conflictos, desarrollar una vida social y el trato con personas nuevas y además al sentir que todo esto lo hacen en un contexto social nuevo y en un idioma que están aprendiendo.

Sin duda, aprender un idioma viajando no es solo una experiencia simplemente educativa, es pedagógica en todos los aspectos. No deja de ser educativa pues aprendes un idioma, pero también presenta retos emocionales y psicológicos, lo cual ayuda a la madurez interior de una persona al entrar en contacto con otra cultura y a aprender de las diferencias y de las semejanzas.

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Aprendiendo idiomas y conociendo el mundo.

October 2nd, 2007 by fairfax

Nunca he podido estar quieta. Desde que estaba en el vientre de mi madre trataba de moverme, incluso nací antes de tiempo. Cuando me colocaron en el jardín de infantes, fue tal mi inquietud que con apenas cuatro años me escapé y me fui a caminar. Mi niñera me encontró en el parque cuando ella estaba haciendo un mandado.

Cuando tenía ocho años mis padres estaban tan preocupados porque en lugar de ir a clases me gustaba irme a caminar o a curiosear en cualquier otro lado, de modo que decidieron llevarme al médico para que me diagnosticara hiperactividad o algo que les convenciera que lo mío podía tratarse con medicinas.

Lamentablemente para mis padres yo era una chica normal solo que con una curiosidad un poco más desarrollada que otros niños.

Para mi cumpleaños número once yo me rompí un brazo así que tenía que estar quieta en casa, mi pobre papá no sabía muy bien que regalarme pues la idea de la bicicleta no sonaba muy inteligente. Andando por la calle vio una de esas ferias de cosas usadas y encontró una enciclopedia. Pensó que ya que me gustaba tanto pasear y conocer lugares nuevos me podría entretener con el libro aquel.

Acertó en muchos aspectos con este regalo. Con la enciclopedia no solo me entretuve durante mi convalecencia sino que dejé de perderme por la calle o no ir al colegio, pero además me obsesioné con la cantidad de información, países y cosas nuevas que había que conocer.

Además desde entonces supe que lo que quería hacer en mi vida era viajar. Mi primera opción fue ser turista pero luego de entender que con eso no se ganaba dinero pensé en ser aeromoza (sobrecargo, azafata de vuelo), ya que ellas viajan mucho.

A mis padres no les agradaba para nada que estudiara esa ‘profesión’ y ya que ellos pagaban mis estudios no me quedó otra que aceptar su ‘amable orientación’.

En realidad ambos son historiadores, ya saben, intelectuales, por lo que una hija aeromoza les cayó como balde de agua fría. Sin embargo encontré que en casa aprender idiomas era un asunto muy bien visto y que viajar para aprender idiomas era algo que mis padres contemplaban como una buena forma de hacer una hoja de vida decente.

Fue así como comencé a buscar posibilidades de viajar. Estos viajes no podían ser muy largos ni solo recreativos, sin embargo encontré que habían planes de estudios y ofertas para todos los bolsillos y edades.

Fue así que, como de regalo por mis quince años, mis padres me ofrecieron unas vacaciones educativas mejorando mi inglés en Inglaterra. Al año siguiente, y ya que la experiencia anterior fue muy buena, me hicieron un regalo similar pero esta vez para aprender francés en Francia.

Estas actividades realmente me resultaron de mucha utilidad y sin que mis padres supieran estaba labrando mi camino como aeromoza pues estas deben tener un buen manejo de idiomas, no solo del inglés sino de otras lenguas.

Por mi parte comencé a trabajar para poder pagarme otros viajes, para mi cumpleaños número dieciocho pude pasar cuatro meses en Japón aprendiendo japonés gracias a mis ahorros y al regalo de cumpleaños que me dieron mis padres.

Debo aceptar a estas alturas que viajar simplemente no me hubiera atraído lo mismo que hacerlo en las condiciones en que las hice, es decir teniendo la oportunidad de aprender un idioma nuevo cada vez y conociendo culturas y gente diferente pero muy interesante y divertida. 

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Aprender idiomas como una forma de socialización.

September 27th, 2007 by fairfax

Recuerdo vagamente mis años de colegio y más aún, tengo que hacer un gran esfuerzo para recordar a una compañera mía, recuerdo su nombre (ahora que tengo el anuario en mano), es Isabel.

Me da algo de pena ajena no poder recordarla como lo hago con otros compañeros de colegio. Pero Isabel era una de esas chicas que todo el mundo llamaría introvertidas. Era tal el nivel de introversión de Isabel que en el salón solían burlarse de ella, incluso le preguntaban si sabía hablar español. Los profesores además siempre se mostraban preocupados y junto a los padres de ella, decidieron someter a Isabel a distintos exámenes de personalidad.

Y estos exámenes nunca arrojaron nada extravagante ni preocupante, no era autista o algo así, únicamente parecía no tener interés por relacionarse con nosotros ni con el resto de Madrid.

Tiempo después la cambiaron de colegio, esto sería cuando estábamos a mitad de secundaria, y no supimos más de ella. Luego, cuando yo estaba terminando secundaria, me matriculé en una escuela de idiomas para aprender inglés. A los pocos meses nos dijeron que se habían abierto vacantes para viajar a aprender inglés en distintos países, yo elegí Inglaterra.

Opté por quedarme dos meses en Londres, era una buena forma de no ir a clases en casa y de conocer un lugar nuevo. Además me sentía algo segura al enterarme de que había otros estudiantes de Madrid en intercambio en Londres y yendo al mismo colegio al que yo iría.

Pero mi mayor sorpresa fue encontrar a Isabel entre esos estudiantes, y no era la niña ‘invisible’ que yo recordaba. Lo peor es que yo no la reconocí hasta que ella me explicó, un día antes de volver a España, quién era y aún así me tomó tiempo recordarla.

Isabel estaba muy cambiada, me dijo, sin embargo, que no había dejado de ser tímida y indiferente de la noche a la mañana. Sino que fue cuando en el otro colegio donde estudiaban, ofrecieron intercambios estudiantiles y ella fue enviada casi sin preguntarle si deseaba hacerlo.

Los padres de Isabel movieron cielo y tierra para conseguir que ella viajara creyendo que eso le ayudaría. En lo personal creo que hubiera sido lo contrario: mandar a una chica tímida a un lugar desconocido…Pero en el caso de Isabel funcionó.

Y no es que se haya vuelto la reina del baile y Miss Simpatía de pronto, simplemente lucía como una chica normal en ese entorno londinense, tenía amigos, era divertida, con iniciativa y con las cosas típicas de las chicas comunes y corrientes.

Una de las cosas que más me sorprendió era la naturalidad con la que Isabel hablaba el inglés, realmente era muy distinto comparar mi inglés ‘correcto’ con el inglés ‘natural’ de ella.

Me quedé bastante sorprendida, pero me di cuenta que en cierta forma lo que hacía a esa chica tan distinta a lo que era antes, era la libertad que tenía para ser ella misma tanto por el contexto donde estaba como por el idioma que hablaba.

Nunca antes me detuve a pensar lo mucho que puede significar el idioma para uno y para construir la identidad, hasta que relacioné totalmente a la Isabel de años anteriores con la Isabel de Londres.

Si en español Isabel nunca pareció sentirse a gusto con el inglés y en Inglaterra parecía haber encontrado su verdadero entorno social.

Y recuerdo todo esto precisamente porque hace unos días recibí el correo de una Isabel que me contaba que estaba estudiando en Cambridge. Debo aceptar que me tomó tiempo recordar quien era y por eso me puse a buscar el anuario hasta que recordé mi época escolar y mi viaje a Londres, y de nuevo, recordé a Isabel.

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De hacer turismo a aprender un idioma.

September 24th, 2007 by fairfax

Veamos, cuando pensamos en aprender un idioma y además pensamos en aprenderlo afuera la idea de ‘turismo’ se nos atraviesa por la mente.

Veámoslo simplemente con las ideas que nos ponen en las películas sobre gente que va  a hacer turismo a algún lugar. Las bromas escatológicas, culturales o por ignorancia abundan.

Y no es que ser un turista sea sinónimo de lo mencionado antes, sin embargo es muy distinto ir a un país como turista que ir como alguien que desea aprender.

Y es que el aprender debería ser algo arraigado al simple hecho de ser turista, pues nos enfrentamos con nuevas expresiones y culturas.

Pero muchas veces el turista toma una distancia significativa de la realidad, su posición es el de un observador y nada más.

Por eso cuando pensamos en aprender un idioma debemos abandonar los prejuicios que pueden rodear a un viajero. No cometamos el error de comportarnos como turistas pasivos que miran todo como ‘extranjeros’ y que esperan ser tratados de forma especial solo por su condición.

No hay nada más problemático para una persona que decide aprender un idioma en el exterior que llegar a un país con la actitud de un turista común que solo se limita a tomar fotos, comprar souvenirs en las tiendas especializadas y a seguir un patrón específico para turistas.

Lo maravilloso de poder viajar para aprender un nuevo idioma es que te enfrentas a la realidad del país a donde vas, a su cotidianidad y vez las cosas desde otro punto de vista porque la idea que se tiene en las escuelas de idiomas es enseñarte el idioma que se ‘habla’ y no la ‘lengua de prestigio’ que está en un libro.

Por ejemplo, siempre da risa cuando vemos en alguna entrevista local a una famosa estrella norteamericana ser entrevistada y al final se le pide que mande algún saludo en español. Vamos, nadie realmente se va a sentir ‘halagado’ al ver como una estrellita o un famoso, se mandan con una palabra pésimamente pronunciada como un ‘hola’. Estos artistas son como los turistas de siempre, se limitan a ser espectadores pasivos y ya.

Qué diferencia hay, por ejemplo, con Viggo Mortensen a quien vi una vez en una entrevista en un canal peruano, hablaba perfectamente el español y hasta con acento argentino, y no solo eso sino que también demostraba que en lo personal tenía un contacto cotidiano con la realidad argentina al ser él mismo fan de un equipo de fútbol de ese país.

Lo de la gente famosa es solo un ejemplo, pero puede servir para demostrar que realmente hay dos maneras de ver una cultura diferente. La del turista corriente y la de la persona que se involucra con la realidad y no solo se queda viendo un país con ruinas o reservas ecológicas.

Las personas que deciden viajar para aprender un idioma definitivamente tienen que saber que se enfrentan a una realidad distinta a que si van en calidad de turistas simplemente. Eso es lo más emocionante de aprender un idioma en un país desconocido, que te hacen enfrentar al mundo desde otro lado que no es menos emocionante ni interesante que el que vemos en los catálogos de viajes planificados.

Y esto no se aplica solo para países exóticos como Tailandia o Perú, también para países modernos como USA o Japón. Siempre debemos ver el mundo exterior con ojos críticos no solo observantes.

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Italiano a la italiana

September 20th, 2007 by fairfax

Mi nonna (abuela) es de origen italiano pero a causa de la segunda guerra (imaginen lo anciana que está) tuvo que venir a España. Ahí se casó con mi abuelo y tuvieron cinco hijos y uno de estos hijos es mi padre.

Desde que conozco a mi nonna (desde antes de nacer para colmo) siempre la he visto hablando italiano, nunca, pero nunca, en español y no fue por falta de oportunidades sino por cuestión personal, es bastante terca la verdad y aunque le gusta España y hablar español con los vecinos nunca ha hablado español con nosotros.

En cierta forma los nietos siempre solíamos verla como una anciana vetusta que nos hablaba en un idioma extraño y ya con el paso de los años pensábamos más bien si habría conocido a algún ‘mafioso’ e incluso ahora hay veces que la llamamos ‘La Soprano’ por su carácter tan impositivo que me recuerda un poco a los personajes de la serie The Sopranos.

Bueno, el caso es que también tenemos familia en Italia, son las primas de mi abuela que no se fueron durante la guerra (los hermanos de mi abuela se fueron a la guerra y parece que no sobrevivieron, aunque eso queda como una leyenda pues escuché una vez que ella recibió una carta de uno de ellos desde USA pero nunca más se habló del asunto).

Siempre hemos tenido comunicación con la familia en Italia e incluso estas tías han venido hasta acá, Sevilla, para visitar a la nonna. Han sido una cinco veces que han venido y la verdad siempre ha sido divertido. La mayoría de los nietos conocemos varias palabras en italiano y lo entendemos a fuerza ya que en nuestra niñez quedábamos al cuidado de la nonna y ella solo nos hablaba en italiano y hasta trataba que nosotros también lo habláramos. 

Pero el año pasado la tía Angelica (que es la más cercana a la abuela) se enfermó de modo que no pudieron venir a visitarnos. La nonna no estaba muy feliz y lo notamos por su particular actitud (es bastante ruda a veces, de pequeños nos perseguía con una de sus enaguas a modo de látigo cuando hacíamos algo malo, aunque nunca nos atrapó porque éramos bastante rápidos).

El caso es que realmente se puso muy sentimental nos decía en italiano que seguramente no podría ver morir a su querida prima y que ella se moriría sola en esta tierra sin haber pisado nuevamente su patria. Finalmente tenemos corazón y realmente comprendimos. Ya que la nonna goza de una increíble salud decidimos que hiciera el viaje pero a la hora de ver quien la acompañaría el asunto era más complicado. Yo estaba de vacaciones así que me encargaron el asunto, pero una cosa es ir a Italia por placer y otra en un viaje familiar.

Ya que el abuelo no podía ir yo y una prima mayor fuimos las destinadas. Y no era un viaje de dos semanas, era pasar cerca de cuatro meses allá. En realidad no me molestó pensé que sería divertido conocer Italia y de paso conocer a la familia y aprender el idioma.

Pero no fuimos precisamente a la Italia turística, sino terminamos en un pequeño pueblo, muy hermoso por cierto, que parecía detenido en el tiempo aún cuando contaba con todas las modernidades. Ahí mi prima y yo aprendimos, literalmente, el italiano a la fuerza pues con las tías, los primos y primos lejanos hablando hasta por los codos y por la orden expresa de la nonna de no tratar de hablarnos en español, no nos quedó de otra.

Esos cuatro meses en Torino, que es a donde fuimos, han sido las clases más intensivas que he recibido de un idioma. En realidad fueron tres pues una prima, que no conocíamos, que vivía en Milán, al enterarse que estábamos en Torino nos invitó a quedarnos un tiempo con ella mientras dejábamos a la abuela ponerse al día.

Realmente fue una experiencia extraña pero divertida también, me acordé un poco de esa película de Bertoucci “Belleza robada” con Liv Tyler, que me gustó mucho, y los paisajes eran así de bellos y las personas tanto o más particulares que los que salían en esa película.

El mes que pasamos en Milán fuimos también a unas clases de Italiano, y ya que teníamos lugar en donde quedarnos si deseábamos volver a Italia, hemos pensando con mi prima que regresaremos pronto para poder aprender mejor el italiano.

 

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Aprendiendo francés en Québec

September 14th, 2007 by fairfax

No se vayan a reír de mí, pero cuando se ofrecieron los programas de intercambio estudiantil en mi colegio en Madrid, mi primera idea era sin duda aprender inglés en Estados Unidos pero terminé yendo a Québec a estudiar francés.

Ya que no habían vacantes para USA, me sugirieron buscar plazas en Canadá. Pensaba que en Canadá en general se hablaba inglés de modo que escogí Québec sin pensarlo mucho. Al rato de salir de la inscripción me alcanzó una de las encargadas de los programas porque quería constatar uno de los datos que puse, es decir ‘aprender inglés en Québec’.

Ella me explicó que en Québec se hablaba francés y no inglés, de inmediato traté de corregir mi error. No iba a aceptar que por ignorancia me había equivocado así que le dije que si bien pensaba hacer inglés luego me animé por el francés pero como seguía pensando en el otro idioma lo consigné así a la hora de llenar los datos.

Realmente sentí que esta vez si que la hice mal, yo ya tenía ciertos conocimientos del inglés pues lo enseñaban en el colegio y además mi grupo favorito cantaba en inglés, de modo que ir a USA era por querer asistir a un concierto que había visto iban a dar los Red Hot Chili Peppers.

Pero de francés yo solo sabía decir Torre Eiffel y ya. Ni siquiera sabía mucho de la cultura francesa salvo por su moda y perfumes, pero todo esto en Francia. Cuando llegué a casa realmente me desesperé ¿qué iba a hacer en Canadá y para colmo en una zona donde hablaban francés?

Le peor de todo es que me aceptaron de inmediato para el programa de intercambio, ya que soy una buena estudiante, e incluso los trámites que se tenían que hacer eran bastante fáciles.

Debo aceptar que realmente no quería ir pero mi mamá me dijo de frente que no podía desaprovechar una oportunidad de conocer un nuevo lugar además que las facilidades que daban eran demasiado buenas para tirarlas al tacho.

En fin, pataleando me subieron al avión rumbo a ese lugar totalmente desconocido. Al llegar mi primera impresión no fue la mejor, ya que me enfermé fatalmente en el viaje, quizá por los nervios y la mala sangre que me hice.

La familia que me recibió vivía en el mismo Québec, y realmente eran muy paternales conmigo, ya que su hija no estaba era yo de quien tenían que cuidar. Los primeros días los pasé en cama recuperándome del mal del viaje, eso me sirvió un poco para darme cuenta que realmente era ridícula mi actitud. No podía quedarme encerrada en una habitación todos esos meses que estaría en esa ciudad. Así que poco a poco comencé a tener más curiosidad y acepté salir con Al y Claire (la pareja que me aceptó en su casa) y su hija Emily, un año mayor que yo (de 16 años).

Ellos hablaban inglés pero me sugirieron que tratara de aprender el idioma, para eso estaba el colegio en donde tomaría algunos cursos y claro aprendería el francés sobre todo.

Con Emily nos hicimos buenas amigas, aún cuando era un año mayor que yo. Ella me integró a su grupo de amigos en el colegio. Debo decir que en el grupo al que estaba designada hice varios compañeros pero los buenos amigos los hice con Emily y los chicos de su salón de clases.

Estar con ellos me ayudó más que cualquier clase a acostumbrarme al francés, pues con ellos lo hablaba del modo ‘como se habla normalmente’. Supongo que fue mi deseo de poder comunicarme con ellos lo que hizo que pusiera más empeño en aprender el francés. Poco a poco lo fui mejorando en esos meses, gracias a mis nuevos amigos y a los cursos de francés y claro que a la convivencia general en la vida cotidiana.

Lo mejor de todo es que ellos ya tenían auto y podían manejar así que íbamos en grupo a todas partes. No siempre a hacer ‘actividades típicas quebecuenses’ pero que para alguien de mi edad eran divertidas.

Eso sí algo que me encantó fue el dulce de miel de arce que no he encontrado así de bueno a mi regreso a España. Igual a hora me río recordando como por una tontería como la desinformación terminé aprendiendo un idioma en el que nunca había pensado y viviendo en un lugar que realmente llegó a gustarme.

 

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El japonés secreto.

September 11th, 2007 by fairfax

Tenía un amigo que era uno de esos chicos fascinados por esos dibujos japoneses de chicas de ojos grandes y tipos súper fuertes. Desde que lo conocí, cuando teníamos diez años, siempre estuvo esa afición en él. Con el paso de los años su interés se fue haciendo más extenso así como más selectivo, al punto que con todo derecho me tachaba de ignorante cuando yo hablaba, generalizando, sobre estos dibujos animados conocidos como animes.

Pero no solo se sentía fascinado por las caricaturas, había en él una suerte de encanto que hacía que mirara con suma curiosidad la cultura japonesa en general. Realmente, aún cuando no tenía ni una gota de sangre japonesa en sus venas ni en su árbol genealógico, resultaba una gran enciclopedia de datos y conocimientos de esa cultura.

Decididamente su amor por esta cultura era grande, a veces bromeaba con él a expensas de esta fascinación. En el colegio la gente solía tratarlo como a un nerd o fanático obsesionado por los dibujitos. A él no le importaba y yo trataba de protegerlo, aunque él mismo no se mostrara interesado.

Yo sabía que su gusto por Japón no era tan cerrado, no era un fan empedernido que pensaba que ese país era la tierra prometida. También tenía conocimientos históricos y era capaz de hacerme una reseña crítica y dura de los acontecimientos contemporáneos de esa sociedad.

En realidad nunca lo consideré alguien raro, pero definitivamente me di cuenta que en cierta forma él sentía que había nacido en el lugar equivocado. Era una situación más allá de la alineación, aún cuando sus padres y amigos pensaban que no era más que un fanático que idealizaba algo que no conocía.

Yo lo sabía porque a veces tenía largas discusiones con él sobre cosas que pasaban en ese país para ver si realmente defendía esas situaciones o era capaz de ejercer un juicio crítico. Él sin duda era alguien dispuesto a aceptar a esa nación como era, con sus cosas buenas y malas, sin idealizarla.

Definitivamente su pasión era algo confuso de entender para cualquiera, hasta para mí. ¿Porqué empeñarse en una cultura que quedaba al otro extremo del continente, del cual solo recogía referencias en libros e internet y cuya lengua apenas y conocía?

Pero él estaba decidido a ir salvando esas barreras y cuando al salir del colegio decidió aprender japonés no me pareció extraño. Sin embargo deambuló de un lado para otro tratando de encontrar una buena escuela que enseñara este idioma. Cuando finalmente la encontró estudió por cerca de un año y medio a un ritmo acelerado.

El japonés no es un idioma fácil y si además no se cuenta con profesores realmente especializados y una escuela seria, aprenderlo puede ser un gran drama. El interés de mi amigo por el idioma lo hizo buscar con pericia una de las mejores escuelas para reanudar su aprendizaje una vez en Japón.

Finalmente al terminar sus estudios acá y tras haber ahorrado rigurosamente partió rumbo a su segunda patria. Hace dos años que no lo veo, únicamente recibo comunicaciones de él. Le va bastante bien, no se ha vuelto una estrella internacional ni un hombre adinerado, simplemente vive contento en un lugar que siempre pensó era su segundo hogar.

Su deseo por entender esa cultura, y su entusiasmo, no le hubieran servido de mucho para aprender esta lengua si es que no hubiera dedicado tiempo para encontrar buenas Escuelas de idiomas, en su propio país y en Japón. Sus profesores en Japón le han dicho que habla la lengua con una naturalidad increíble, tanto que si no fuera por su apariencia física, paría por todo un japonés.

Pues bien esta es la anécdota de mi amigo, el ‘japonés secreto’. Sin duda esto me hace pensar mucho en la idea que siempre ronda a cada uno de encontrar su lugar en el mundo, para algunos nos es suficiente con encontrar un pequeño pedazo de tierra al cual decirle hogar, pero otros reciben un llamado del otro extremo del mundo, y aún con la barrera del idioma, son capaces de aventurarse solo por el deseo de sentirse en casa.

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